13 abril 2026
En el marco de la reunión de comunicaciones del vicerrector académico con directivos docentes, la Dirección de Aprendizaje y Acompañamiento Académico presentó los alcances de la Ley 21.790 y su implementación en la UC, destacando el rol clave de las unidades académicas en la aplicación de medidas que compatibilicen el estudio con labores de cuidado.
En una nueva jornada de trabajo con directivos y directivas docentes de la Pontificia Universidad Católica de Chile, liderada por el vicerrector académico, Mario Ponce, la directora de Aprendizaje y Acompañamiento Académico, Catalina García, presentó los principales lineamientos de la Ley 21.790 “Yo Cuido, Yo Estudio”, junto con su implementación institucional y los desafíos asociados a su aplicación en la UC.

La actividad, realizada el pasado 7 de abril en el Centro de Innovación UC, permitió no solo profundizar en los alcances de la normativa, sino también homogeneizar criterios y conceptos clave para su adecuada implementación en las distintas unidades académicas.
Durante su exposición, García destacó que esta nueva normativa no implica un cambio radical respecto de lo que la Universidad ya venía desarrollando, sino que más bien viene a consolidar y fortalecer mecanismos existentes.
En ese sentido, la ley busca proteger los derechos de estudiantes cuidadores, promoviendo la corresponsabilidad y facilitando la conciliación entre el rol cuidador y la trayectoria académica, considerando situaciones como embarazo, maternidad, paternidad o el cuidado de personas con discapacidad o dependencia.
Asimismo, se relevó que la UC ya cuenta con mecanismos como suspensión de estudios, interrupción de cursos, ajustes de asistencia y reprogramación de evaluaciones, los que ahora se articulan bajo un marco común que entrega mayor especificidad. Sobre estos procedimientos se instalan, además, algunas opciones propias para estudiantes cuidadores que vienen a complementar el trabajo realizado en esta materia en la Universidad.
Flexibilidad académica: ajustes académicos sin afectar el aprendizaje
Uno de los aspectos centrales abordados fue el concepto de flexibilidad académica, entendido como ajustes transitorios y contextuales que buscan reducir barreras sin afectar los resultados de aprendizaje ni el nivel de exigencia de los cursos.
En este punto, la directora enfatizó que el foco no está en disminuir estándares, sino en buscar formas alternativas para alcanzar los mismos objetivos formativos y que consideren la situación de cuidador/a del estudiante:
“En ningún caso se trata de bajar la exigencia, sino de preguntarnos si, en un contexto particular, es posible implementar algunos ajustes menores que faciliten el cumplimiento de ambos roles (cuidador y estudiante), o una vía alternativa para lograr el aprendizaje final. Son las unidades académicas y sus docentes los más idóneos para definir cuál es la mejor forma de hacerlo”, aseguró Catalina García.
Entre las medidas posibles se encuentran la flexibilización de horarios, reprogramación de evaluaciones, ajustes en requisitos de asistencia o el acceso anticipado a materiales, siempre evaluando su pertinencia en función del aprendizaje esperado.
La presentación también permitió distinguir entre flexibilidad académica y adecuaciones, siendo estas últimas ajustes más permanentes, generalmente vinculados a situaciones como discapacidad, que buscan asegurar condiciones de acceso equitativas al proceso formativo.
En ambos casos, un elemento clave es la posibilidad de diseñar actividades académicas equivalentes, es decir, alternativas que permitan alcanzar los mismos resultados de aprendizaje a través de diferentes modalidades, resguardando el nivel de complejidad y los criterios de evaluación.
Este enfoque pone en el centro la reflexión pedagógica y el rol activo del cuerpo académico, así como la necesidad de evaluar la viabilidad y pertinencia de cada ajuste en su contexto específico.
Un trabajo conjunto para una implementación efectiva
Finalmente, se destacó que la correcta implementación de la ley requiere de un trabajo articulado entre estudiantes, docentes, unidades académicas y unidades centrales, donde cada actor cumple un rol específico.

Mientras las y los estudiantes deben acreditar su situación y comprometerse con su proceso formativo, los equipos docentes y las unidades académicas tienen la responsabilidad de analizar, definir e implementar las flexibilidades pertinentes, siempre resguardando la calidad de la formación.
Finalmente, García llamó a los directivos docentes a acercarse a la Dirección de Aprendizaje y Acompañamiento Académico para trabajar conjuntamente en el cumplimiento de esta nueva normativa.
Con esta instancia, la UC avanza en la instalación de un marco común que permita abordar de manera consistente los desafíos asociados a la conciliación entre estudio y cuidado, fortaleciendo una cultura institucional que promueve la equidad, la corresponsabilidad y el logro de aprendizajes en contextos diversos.